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El Gobierno pone en riesgo la salud de los huertos solares con los recortes a la producción.

El nuevo decreto amenaza con reducir el número de horas subvencionadas, lo que podría afectar a la rentabilidad de las 17 instalaciones de la provincia. El sector, una de las grandes apuestas del Estado, dice que la norma perjudicará a las micropymes y mermará la confianza de los mercados.


15.02.2011
Categoría: General

Desde la caída del ladrillo, se han convertido en el espejo en el que se mira la nueva economía. Para el Gobierno, eran poco menos que la bandera del futuro, la industria estratégica, lo que, sin embargo, no ha sido obstáculo para transigir con recortes que cuestionan la rentabilidad de buena parte del sector. La crisis ha llevado a la administración a entorpecer a su peón favorito, o eso es lo que cree la Asociación de Promotores y Productores de Energías Renovables de Andalucía (APREAN), que se queja de las intenciones del nuevo decreto que regulará la fotovoltaica. Una norma que, en su borrador, plantea la reducción de hasta un 45% de las primas a través de límites a la producción.

La amenaza se suma a las restricciones practicadas en 2009, que se rebajaron en un 35% de las retribuciones. Esa medida ya supuso un varapalo para muchas pequeñas sociedades, pero el temor es aún mayor con la propuesta que se discute en estos días. El borrador no sólo afecta a las instalaciones del futuro, sino que tiene carácter retroactivo, por lo que comprometería las cuentas de los 17 minihuertos que operan en la provincia. Y lo que es más inmediatamente sangrante, la inversión en estas centrales, que se eleva conjuntamente a alrededor de 240 millones de euros.

Carlos Rojo, secretario general de Aprean, asegura que las grandes perjudicadas de la medida serán las pymes que en los últimos años se sacrificaron para invertir en un sector que se preveía estable, tanto en sus ingresos como en el apartado legislativo. Se trata en su mayoría, de entidades que recurrieron a los bancos y que, de refrendarse la norma, tendrá que renegociar los créditos, ya que la producción, y por lo tanto la ganancia, será más limitada.

El colectivo calcula que las pérdidas de rentabilidad serán del 40%, lo que significa un correctivo casi letal para las instalaciones más modestas. Las grandes sin embargo, sobrevivirán gracias a la demanda exterior, que en casos como Isofotón, representa el 90% de las ventas.

Para entender el escenario hay que remontarse a la planificación gubernamental del sector. España quiso apostar fuerte por las renovables y en los últimos años se ha situado muy por encima de los objetivos de producción de la Unión Europea. La recomendación era de 500 megavatios, ya la generación nacional ronda actualmente los 3.700, de los cuales alrededor de 40 corresponden a Málaga. La cifra ha servido para que puntos como Andalucía, abundantes en la materia prima, el sol, hayan alcanzado una posición de liderazgo internacional envidiable de cara al futuro, pero también para que el Gobierno haga asomar la tijera a cuenta de la crisis.

El decreto tiene un margen de aplicación de tres años. La rebaja viene acompañada de una ampliación del tutelaje de un trienio, lo que tranquiliza a los principales productores, pero no deja de inquietar a los pequeños, con un margen de beneficios mensual mucho menos holgado. Carlos Rojo cree que lo peor es la inseguridad jurídica. Cambiar las reglas del juego, sostiene, se paga caro en términos de desconfianza de las entidades financieras y de los mercados internacionales. “En el resto de renovables aún no sabemos cuáles serán las retribuciones para el resto de la década”, puntualiza el especialista.

La Fotovoltaica en Málaga. Una potencia limitada por el urbanismo. A pesar de la pujanza de los sectores tradicionales, Málaga se ha convertido en una potencia en energías renovables. Sus números emparentan con el liderazgo internacional de Andalucía, aunque registran parámetros sorprendentes si se tiene en cuenta la fortaleza de su clima y la producción de otras provincias. Según la delegación provincial de Economía, Ciencia e Innovación Málaga cuenta con una potencia total de fotovoltaica de 42,12 megavatios, lo que, a pesar de ser una cantidad nada despreciable, la convierte en la última productora de facto en la comunidad. Las razones son evidentes y apuntan fundamentalmente al peso del urbanismo durante las últimas décadas, que encareció el suelo rústico hasta límites sin paralelo en el resto de Andalucía. “Antes llegabas a hablar con los alcaldes y le pedías precio y te decían que no, que eso lo guardaban por si alguien quería hacer un campo de golf”, comentan fuentes del sector.

Los precios de los terrenos hicieron que la planta de energía fotovoltaica de la provincia optara por los tejados. No obstante, los campos legislativos y económicos de los últimos años han hecho que la situación varíe radicalmente. Las limitaciones a la construcción en parcelas rústicas, incrementadas a partir de la Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía (LOUA), convierten al sector en una buena salida para terrenos improductivos. Aunque, claro, para que eso cristalice, se requiere superar la tendencia a restringir la producción.